La otra tarde, un jefe recomendaba a un grupo de compañeros que "se fijaran en las narices de la gente". Nosotros nos echamos a reír, pero él insistió en su idea: "ocupen sus ojos; miren, que la vida se les va a escapar sin que alcancen a ver todo lo bueno que hay a nuestro alrededor".
Creemos que tenía razón.
Si pensamos en que el medio natural en que el escultismo puede explayar mejor su juego es la gran naturaleza, entenderemos de inmediato la importancia de esta técnica -la Observación- tiene en la formación del niño.
Al comienzo con lentitud, luego con rapidez, el niño se acostumbrará a conocer y aprenderá a amar el mundo maravillosamente misterioso que lo rodea.
La tierra, la lluvia, el canto de los árboles, el silbido del viento, el rumor del bosque, el silencio del desierto, la blanca aridez de la cordillera. Es toda una poblada de seres que, sucediéndose los unos a los otros en la presentación de su belleza, afirmarán después los pasos infantiles en el ambiente, a veces artificial y espeso, de la ciudad. Es todo un cielo desconocido en el que brillan, como lágrimas divinas, las luces de los astros.
La Observación, pues, es una técnica fundamental. Y estamos tentados de decir: es como el asiento de toda técnica. En efecto: Hay que "fijarse" para hacer buenos amarres en las construcciones de campaña. Hay que "fijarse" para descubrir los signos que allá arriba, señalan el regocijo del Norte. Hay que fijarse para usar los símbolos woodcraft. Hay que "fijarse" para conocer la historia, la geografía y la riqueza del suelo en que se vive. Hay que "fijarse", en fin, para que el pie no tropiece en piedra alguna en la senda estrecha que lleva a la cumbre.
Roberto Vega Blanlot en "El espíritu del scoutismo" (Scouts Católicos de Chile, 1967)

1 comentario:
un poco ñoña la analogía, pero válida al fin.
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